Muchos son los que han de utilizar el metro todos los días, incluyendome a mí por supuesto. Para muchos ha de ser una desgracia, para otros un desconocido, para los sibaritas una broma de mal gusto, y a horas de creciente amanecer en los que todos nos juntamos en el vagón y jugamos a ser familia, aunque no cabe ni una colilla entre unos y otros, pero con un cuidado, no me toques, ni te acerques, ni hagas mucho ruido, no me tosas, que mal hueles,...
A mi el metro me parece un lugar imaginario y fantasioso, hablamos de horas normales en los que unos y otros podemos mirarnos a la cara y se respeta el principio de intimidad.
Muchas veces paro de leer y me dedico a observar y como no a imaginar y preguntarme, la variedad de clases sociales, sobretodo de clase media para abajo, variedad de razas, de caras, de formas de vestir y de comportarse. Es la calle y es donde está la vida. Me pregunto de donde será este, de donde será aquel, adonde irán. Todos nos miramos los unos a los otros y nos haremos las mismas preguntas, pero yo voy más alla, no se si como efecto del cine, y me imagino: que esa niña de 30 años que está pensativa, piensa en ese sueño dorado que fue su juventud y se dice donde se ha quedado; ese hombre que va con una bolsa de plástico tiene ganas de llegar a casa, sentarse en su sofa junto a su mujer y darle un beso; ese hombre negro que va sucio porque ha estado trabajando todo el día en la obra, y como la misma no está terminada, no hay duchas y tampoco las hay en el metro, y espera ahorrar dinero para enviar a su familia que apenas tienen para comer, pero que allá donde se encuentren no paran de sonreir; esa mujer que acaba de comprar en las rebajas unos "trapitos" y que se va sonriendo creyéndose la reina de la fiesta en la próxima que haya; esa pareja de adolescentes, que siempre me hacen sonreir y que me dan envidia, que no paran de quererse y de decirse cosas como cuanto se quieren y haber si encuentran un hueco ese fin de semana en casa de sus padres para hacer alguna cosita que sólo a ellos les atañen; el grupito de chicos que cuentan sus desventuras y alguna que otra aventurilla del pasado fin de semana en la que tuvieron suerte y la vida les acompaño con un poquito de calor femenino; ese grupito de adolescentes femeninas que se miran unas a otras creyéndose guapas y que además lo son, y son amigas y se quieren de verdad como lo hacen los adolescentes que se quieren; los músicos que hacen que parezca que estamos en una fiesta y tengamos la obligación de participar monetariamente o a través del mirarnos unos a otros, y que nos llenan de recuerdos; el mendigo que te pide ayuda y es respetuoso y te regala un gracias y una sonrisa que tu te llevas; y como no esa bonita mujer que está en el vagón que tiene una mirada interesante y que te imaginas que con ella recorres los mares del sur y como no los cielos...
Así que voy en el metro y allí me siento agusto, y ahora más que es invierno, y hace frio en la calle y allí se nota el calor, que estoy seguro que es porque es humano.

1 comentario:
De nuevo le encontramos ante la calided de los mortales. Bienvenido a la tierra después de su viaje interestelar.
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